Voces telefónicas, ideas y sentimientos que vuelan
Las teclas y la pantalla vuelven a ver la luz de un filamento al rojo vivo; resto las fechas y soy consciente del paso del tiempo; lo se, que mas da, pero la cabeza instintivamente a suspirado por una respuesta matemática que le ayude a entender el ritmo de la conversación con el laberinto infinito. Escondido en la oscuridad de un armario el apéndice olvidado ha sabido esperar a que la vida vuelva a necesitar de un guiño para mañana volver a ver la leche teñirse de café. Volver a ponerle nombre al instante de un suspiro, de una pulsación. Desde el fondo del pasillo y todavía girando a toda velocidad los poros traspiran recuerdos, lazos rotos que se miran a los ojos para sonrerir juntos, caminos independientes que buscan intersecciones de vidas, de sufrimientos, de problemas, de una complicidad de sueño ligero. Son las palabras las que me acaban rescatando, como siempre, necesito escuchar, leer, decir, apuntar para ser, para formar parte de, para aspirar a entender. Me quedo mirando fijamente sin ver, quizá un resquicio de enredadera que bebe luz para ser trepando, abrazando, creciendo sobre algo sólido.

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